martes, 20 de mayo de 2008
Orlando Goicoechea
Orlando Goicoechea reconoce las maderas por el olor, de qué árboles vienen, qué edad tienen, y oliéndolas sabe si fueron cortadas a tiempo o a destiempo y les adivina los posibles contratiempos. El es carpintero desde que hacía sus propios juguetes en la azotea de su casa del barrio de Cayo Hueso. Nunca tuvo máquinas ni ayudantes. A mano hace todo lo que hace, y de su mano nacen los mejores muebles de La Habana: mesas para comer celebrando, camas y sillas que te da pena levantarte, armarios donde a la ropa le gusta quedarse. Orlando trabaja desde el amanecer. Y cuando el sol se va de la azotea, se encierra y enciende el video. Al cabo de tantos años de trabajo, Orlando se ha dado el lujo de comprarse un video, y ve una película tras otra. No sabía que eras loco por el cine le dice un vecino. Y Orlando le explica que no, que a él el cine ni le va ni le viene, pero gracias al video puede detener las películas para estudiar los muebles.
Para triunfar en la vida
Eduardo Galeano
En 1999, según informó el diario “The Times” of India, una nueva institución educativa estaba funcionando exitosamente en la ciudad de Muzaffarnagar, al oeste del estado de Uttar Pradesh.
Allí se ofrecía a los adolescentes una formación especializada. Uno de los tres directores, el pedagogo Susheel Moonch, tenía a su cargo el curso más sofisticado, que incluía, entre otras materias, Secuestros, Extorsiones y Ejecuciones. Los otros dos directores se ocupaban de materias más convencionales. Todos los cursos incluían trabajos prácticos. Por ejemplo, para la enseñanza del robo en autopistas y carreteras, los estudiantes, agazapados, arrojaban algún objeto metálico sobre el automóvil que elegían: el impacto detenía al sorprendido conductor y entonces se procedía al asalto, que el docente supervisaba.
Esta escuela había surgido para dar respuesta a una necesidad del mercado y para cumplir una función social. Según explicaron los responsables de la institución, el mercado exigía niveles cada vez más altos de especialización en el área del delito, y la educación criminal era la única formación profesional capaz de asegurar a los jóvenes un trabajo bien renumerado y permanente.
La noticia me dejó preocupado. Desde que la leí, he estado meditando el asunto. ¿Cuántos maestros de las escuelas tradicionales podrán reciclarse y adaptarse a estas exigencias de la modernidad?
Estos textos se publican con la autorización del autor y se encuentran en el libro “Bocas del tiempo”(Ediciones del Chanchito, año 2004)
En 1999, según informó el diario “The Times” of India, una nueva institución educativa estaba funcionando exitosamente en la ciudad de Muzaffarnagar, al oeste del estado de Uttar Pradesh.
Allí se ofrecía a los adolescentes una formación especializada. Uno de los tres directores, el pedagogo Susheel Moonch, tenía a su cargo el curso más sofisticado, que incluía, entre otras materias, Secuestros, Extorsiones y Ejecuciones. Los otros dos directores se ocupaban de materias más convencionales. Todos los cursos incluían trabajos prácticos. Por ejemplo, para la enseñanza del robo en autopistas y carreteras, los estudiantes, agazapados, arrojaban algún objeto metálico sobre el automóvil que elegían: el impacto detenía al sorprendido conductor y entonces se procedía al asalto, que el docente supervisaba.
Esta escuela había surgido para dar respuesta a una necesidad del mercado y para cumplir una función social. Según explicaron los responsables de la institución, el mercado exigía niveles cada vez más altos de especialización en el área del delito, y la educación criminal era la única formación profesional capaz de asegurar a los jóvenes un trabajo bien renumerado y permanente.
La noticia me dejó preocupado. Desde que la leí, he estado meditando el asunto. ¿Cuántos maestros de las escuelas tradicionales podrán reciclarse y adaptarse a estas exigencias de la modernidad?
Estos textos se publican con la autorización del autor y se encuentran en el libro “Bocas del tiempo”(Ediciones del Chanchito, año 2004)
La naturaleza no es muda
Eduardo Galeano, El mundo pinta naturalezas muertas, sucumben los bosques naturales, se derriten los polos, el aire se hace irrespirable y el agua intomable, se plastifican las flores y la comida, y el cielo y la tierra se vuelven locos de remate. Y mientras todo esto ocurre, un país latinoamericano, Ecuador, está discutiendo una nueva Constitución. Y en esa Constitución se abre la posibilidad de reconocer, por primera vez en la historia universal, los derechos de la naturaleza. La naturaleza tiene mucho que decir, y ya va siendo hora de que nosotros, sus hijos, no sigamos haciéndonos los sordos. Y quizás hasta Dios escuche la llamada que suena desde este país andino, y agregue el undécimo mandamiento que se le había olvidado en las instrucciones que nos dio desde el monte Sinaí: "Amarás a la naturaleza, de la que formas parte". Un objeto que quiere ser sujeto Durante miles de años, casi toda la gente tuvo el derecho de no tener derechos. En los hechos, no son pocos los que siguen sin derechos, pero al menos se reconoce, ahora, el derecho de tenerlos; y eso es bastante más que un gesto de caridad de los amos del mundo para consuelo de sus siervos. ¿Y la naturaleza? En cierto modo, se podría decir, los derechos humanos abarcan a la naturaleza, porque ella no es una tarjeta postal para ser mirada desde afuera; pero bien sabe la naturaleza que hasta las mejores leyes humanas la tratan como objeto de propiedad, y nunca como sujeto de derecho. Reducida a mera fuente de recursos naturales y buenos negocios, ella puede ser legalmente malherida, y hasta exterminada, sin que se escuchen sus quejas y sin que las normas jurídicas impidan la impunidad de sus criminales. A lo sumo, en el mejor de los casos, son las víctimas humanas quienes pueden exigir una indemnización más o menos simbólica, y eso siempre después de que el daño se ha hecho, pero las leyes no evitan ni detienen los atentados contra la tierra, el agua o el aire. Suena raro, ¿no? Esto de que la naturaleza tenga derechos... Una locura. ¡Como si la naturaleza fuera persona! En cambio, suena de lo más normal que las grandes empresas de Estados Unidos disfruten de derechos humanos. En 1886, la Suprema Corte de Estados Unidos, modelo de la justicia universal, extendió los derechos humanos a las corporaciones privadas. La ley les reconoció los mismos derechos que a las personas, derecho a la vida, a la libre expresión, a la privacidad y a todo lo demás, como si las empresas respiraran. Más de 120 años han psado y así sigue siendo. A nadie le llama la atención. Gritos y susurros Nada tiene de raro, ni de anormal, el proyecto que quiere incorporar los derechos de la naturaleza a la nueva Constitución de Ecuador. Este país ha sufrido numerosas devastaciones a lo largo de su historia. Por citar un solo ejemplo, durante más de un cuarto de siglo, hasta 1992, la empresa petrolera Texaco vomitó impunemente 18 mil millones de galones de veneno sobre tierras, ríos y gentes. Una vez cumplida esta obra de beneficencia en la Amazonia ecuatoriana, la empresa nacida en Texas celebró matrimonio con la Standard Oil. Para entonces, la Standard Oil de Rockefeller había pasado a llamarse Chevron y estaba dirigida por Condoleezza Rice. Después un oleoducto trasladó a Condoleezza hasta la Casa Blanca, mientras la familia Chevron Texaco continuaba contaminando el mundo. Pero las heridas abiertas en el cuerpo de Ecuador por la Texaco y otras empresas no son la única fuente de inspiración de esta gran novedad jurídica que se intenta llevar adelante. Además, y no es lo de menos, la reivindicación de la naturaleza forma parte de un proceso de recuperación de las más antiguas tradiciones de Ecuador y de América toda. Se propone que el Estado reconozca y garantice el derecho a mantener y regenerar los ciclos vitales naturales, y no es por casualidad que la Asamblea Constituyente ha empezado por identificar sus objetivos de renacimiento nacional con el ideal de vida del sumak kausai. Eso significa, en lengua quichua, vida armoniosa: armonía entre nosotros y armonía con la naturaleza, que nos engendra, nos alimenta y nos abriga y que tiene vida propia, y valores propios, más allá de nosotros. Esas tradiciones siguen milagrosamente vivas, a pesar de la pesada herencia del racismo que en Ecuador, como en toda América, continúa mutilando la realidad y la memoria. Y no son sólo el patrimonio de su numerosa oblación indígena, que supo perpetuarlas a lo largo de cinco siglos de prohibición y desprecio. Pertenecen a todo el país, y al mundo entero, estas voces del pasado que ayudan a adivinar otro futuro posible. Desde que la espada y la cruz desembarcaron en tierras americanas, la conquista europea castigó la adoración de la naturaleza, que era pecado de idolatría, con penas de azote, horca o fuego. La comunión entre la naturaleza y la gente, costumbre pagana, fue abolida en nombre de Dios y después en nombre de la civilización. En toda América, y en el mundo, seguimos pagando las consecuencias de ese divorcio obligatorio.
jueves, 1 de mayo de 2008
Mano de obra
Mohammed Ashraf no va a la escuela.
Desde que sale el sol hasta que asoma la luna, él corta, recorta, perfora, arma y cose pelotas de fútbol, que salen rodando de la aldea paquistaní de Umar Kot hacia los estadios del mundo.
Mohammed tiene once años. Hace esto desde los cinco.
Si supiera leer, y leer en ingles, podría entender la inscripción que él pega en cada una de sus obras: Esta pelota no ha sido fabricada por niños.
(Eduardo Galeano, “Bocas del tiempo”; 2007:58)
Desde que sale el sol hasta que asoma la luna, él corta, recorta, perfora, arma y cose pelotas de fútbol, que salen rodando de la aldea paquistaní de Umar Kot hacia los estadios del mundo.
Mohammed tiene once años. Hace esto desde los cinco.
Si supiera leer, y leer en ingles, podría entender la inscripción que él pega en cada una de sus obras: Esta pelota no ha sido fabricada por niños.
(Eduardo Galeano, “Bocas del tiempo”; 2007:58)
martes, 29 de abril de 2008
El gobierno global
En el crepúsculo del siglo veinte y de su propia vida, Julius Nyerere conversó con la comunidad internacional. O sea: los jefes del Banco Mundial lo recibieron en Washington.
Nyerere había sido el primer presidente de Tanzania, después de mucho pelear contra el poder colonial; y había creído en la independencia y había querido que ella fuera mucho más que un saludo a la bandera.
-¿Por qué ha fracasado usted? –le preguntaron los altos expertos internacionales.
Nyerere respondió:
-El imperio Británico nos dejó un país donde casi todos eran analfabetos y había dos ingenieros y doce médicos. Al fin de mi gobierno, casi no había analfabetos, y teníamos miles de ingenieros y de médicos. Yo dejé el gobierno en 1985. Han pasado trece años. Ahora, tenemos muchos menos niños en las escuelas, un tercio menos, y la salud pública y los servicios sociales están en la ruina. En estos trece años, Tanzania ha hecho todo lo que el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional exigieron que se hiciera para modernizar el país.
Y Julius Nyerere devolvió la pregunta:
-¿Por qué han fracasado ustedes?
(Eduardo Galeano, “Bocas del tiempo”;2007:276)
Nyerere había sido el primer presidente de Tanzania, después de mucho pelear contra el poder colonial; y había creído en la independencia y había querido que ella fuera mucho más que un saludo a la bandera.
-¿Por qué ha fracasado usted? –le preguntaron los altos expertos internacionales.
Nyerere respondió:
-El imperio Británico nos dejó un país donde casi todos eran analfabetos y había dos ingenieros y doce médicos. Al fin de mi gobierno, casi no había analfabetos, y teníamos miles de ingenieros y de médicos. Yo dejé el gobierno en 1985. Han pasado trece años. Ahora, tenemos muchos menos niños en las escuelas, un tercio menos, y la salud pública y los servicios sociales están en la ruina. En estos trece años, Tanzania ha hecho todo lo que el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional exigieron que se hiciera para modernizar el país.
Y Julius Nyerere devolvió la pregunta:
-¿Por qué han fracasado ustedes?
(Eduardo Galeano, “Bocas del tiempo”;2007:276)
Teología
El catecismo me enseñó, en la infancia, a hacer el bien por conveniencia y a no hacer el mal por miedo. Dios me ofrecía castigos y recompensas, me amenazaba con el infierno y me prometía el cielo; y yo temía y creía.
Han pasado años. Yo ya no temo ni creo. Y en todo caso, pienso, si merezco ser asado en la parrilla, a eterno fuego lento, que así sea. Así me salvare del purgatorio, que estará lleno de horribles turistas de la clase media; y al fin y al cabo, se hará justicia.
Sinceramente: merecer, merezco. Nunca he matado a nadie, es verdad, pero ha sido por falta de coraje o de tiempo, y no por falta de ganas. No voy a misa los domingos, ni en fiestas de guardar. He codiciado a casi todas las mujeres de mis prójimos, salvo a las feas, y por tanto he violado, al menos en intención, la propiedad privada que Dios en persona sacralizó en las tablas de Moisés: No codiciarás a la mujer de tu prójimo, ni a su toro, ni a su asno… Y por se fuera poco, con premeditación y alevosía ha cometido el acto del amor sin el noble propósito de reproducir la mano de obra. Yo bien sé que el pecado carnal está mal visto en el alto cielo; pero sospecho que Dios condena lo que ignota.
Eduardo Galeano; “El libro de los abrazos”
Han pasado años. Yo ya no temo ni creo. Y en todo caso, pienso, si merezco ser asado en la parrilla, a eterno fuego lento, que así sea. Así me salvare del purgatorio, que estará lleno de horribles turistas de la clase media; y al fin y al cabo, se hará justicia.
Sinceramente: merecer, merezco. Nunca he matado a nadie, es verdad, pero ha sido por falta de coraje o de tiempo, y no por falta de ganas. No voy a misa los domingos, ni en fiestas de guardar. He codiciado a casi todas las mujeres de mis prójimos, salvo a las feas, y por tanto he violado, al menos en intención, la propiedad privada que Dios en persona sacralizó en las tablas de Moisés: No codiciarás a la mujer de tu prójimo, ni a su toro, ni a su asno… Y por se fuera poco, con premeditación y alevosía ha cometido el acto del amor sin el noble propósito de reproducir la mano de obra. Yo bien sé que el pecado carnal está mal visto en el alto cielo; pero sospecho que Dios condena lo que ignota.
Eduardo Galeano; “El libro de los abrazos”
martes, 15 de abril de 2008
MENSAJE AL HERMANO
Ahora serán las palabras, las más inútiles o las más elocuentes, las que brotan de las lágrimas o de la cólera, ahora leeremos bellas imágenes sobre el fénix que renace de las cenizas, en poemas y discursos se irá fijando para siempre la imagen del Che. También estas que escribo son palabras, pero no las quiero así, no quiero ser yo quien hable de él. Pido lo imposible, lo más inmerecido, lo que me atreví a hacer una vez cuando él vivía: pido que sea su voz la que asome aquí, que sea su mano la que escriba estas líneas. Sé que es absurdo y es imposible, y por eso mismo creo que él escribe esto conmigo, porque nadie supo mejor hasta qué punto lo absurdo y lo imposible serán un día la realidad de los hombres, el futuro por cuya conquista dio su joven, su maravillosa vida. Usa entonces mi mano una vez más, hermano mío, de nada les habrá valido cortarte los dedos, de nada les habrá valido matarte y esconderte con sus torpes astucias. Toma, escribe: lo que me quede por decir y por hacer lo diré y lo haré siempre contigo a mi lado. Sólo así tendrá sentido seguir viviendo.
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